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Foto tomada de tvperu.

Cinco mitos sobre la candidatura de Keiko Fujimori y el fujimorismo de hoy

Publicado: 2016-03-27

Hablemos de Keiko Fujimori, la candidata a la Presidencia con mayor intención de voto en las Elecciones Generales peruanas. El año 2011, al perder frente a Ollanta Humala en la segunda vuelta electoral, Keiko comprendió que debía trabajar muy duro para lograr reducir el rechazo que generaba su candidatura. Disminuir el llamado “anti-voto”.

Aquello significaba, en resumen, enfrentar el siguiente reto: por una parte, convencer a la población de que ella tiene un liderazgo y una propuesta muy distintas a las que Alberto Fujimori y el viejo fujimorismo representan; y, por otra, mantener a sus votantes más fieles apelando a la memoria del gobierno de su padre, al vínculo familiar que ella tiene con el ex dictador y a la fidelidad que Fujimori construyó con algunos sectores específicos que esperan que la candidata recurra al indulto para liberar a su líder.

Y ha tenido relativo éxito. No solo ha disminuido su anti-voto de cerca del 50% en el 2011 a 34% en enero del 2016 (aunque, por cierto, durante marzo aquel anti-voto ha aumentado a 46%), sino que algunos analistas de cierta influencia, como Steven Levitsky, han pasado de un rechazo militante a la candidatura de Keiko, a una defensa del "beneficio de la duda": quizá sea verdad que el fujimorismo ahora sí respete las instituciones y, dado su alto apoyo popular, merece un sitio en el sistema político.

¿Qué hizo para lograrlo? Pues bien, no solo se dedicó a hacer campaña de forma incansable desde julio del 2011 hasta hoy, sino que en aquella campaña se enfocó de forma bastante eficiente en construir un conjunto de mitos. En esta ocasión quisiera tomar cinco de ellos, los que considero más importantes, y analizarlos uno por uno para mostrar la falsedad de los argumentos en que se ss.

Mito 1: Keiko Fujimori no es Alberto Fujimori, no es justo que ella pague por los errores de su padre.

En sentido estricto, es cierto que nadie debe ser juzgado por los errores que cometieron sus padres. Sin embargo, la vinculación de Keiko con Alberto Fujimori es obra de la propia Keiko y, antes que familiar, es una vinculación política.

Ella lidera una fuerza política que se denomina fujimorista, que es continuidad orgánica de la organización política que construyó Alberto Fujimori y que reivindica al gobierno del ex dictador como el mejor de la historia del Perú.

Si bien Keiko Fujimori comienza a hacer política desde que fue Primera Dama en reemplazo de su madre, Susana Higuchi, el año 1994, y tiene como principal capital político su apellido y su imagen de hija leal, su vínculo con el fujimorismo, por trivial que suene, es el ser presidenta del partido fujimorista.

Sea que Alberto Fujimori tome o no las decisiones en Fuerza Popular, cualquier fujimorista estará ligado a Fujimori. Ningún deslinde es suficiente. Keiko pudo haber formado otro partido y hacer una carrera política en una línea distinta, pero no ha sido así. Es como si algún pariente de Abimael Guzmán defendiera el “Pensamiento Gonzalo” y refundara Sendero Luminoso, pero no quisiera que se lo vincule con Guzmán.

Mito 2: El fujimorismo que Keiko Fujimori encabeza ha roto todo tipo de vínculo con la corrupción del pasado y representa más bien una propuesta de futuro.

Una de las principales lecciones que deja el periodo 1990 – 2000 es que detrás de los rostros visibles de un partido y de un gobierno, puede existir una densa y extensa red de operadores en la sombra, cumpliendo un rol determinante para lograr los objetivos de quienes dirigen el Estado.

Recordemos que desde el autogolpe del 5 de abril de 1992, el gobierno de Alberto Fujimori contó con una especial fuerza para, no solo transformar radicalmente el ordenamiento jurídico y político y dar lugar así al Estado neoliberal de hoy, sino también para capturar vía corrupción o por la fuerza a la mayoría de instituciones públicas. Estaban el apoyo de las Fuerzas Armadas, el aval del gran empresariado, el dinero de las privatizaciones, el descrédito de la clase política, el miedo.

De los videos que grabó Vladimiro Montesinos, es bien sabido que solo han salido a la luz una porción menor. Por la sala con sillones de cuero negro del Sistema Nacional de Inteligencia (SIN) desfilaron, ávidos de dinero y de tratos con el gobierno, congresistas, dueños de canales, dueños de diarios, generales, jueces, fiscales, etc. Recordemos, además, que luego del autogolpe Fujimori cambió a dedo a cien jueces de la Corte Suprema. 

¿Cuántos de esos jueces fueron cambiados luego? ¿Cuántas personas siguen vinculadas al fujimorismo hasta el día de hoy, sea por adhesión real o por chantaje, con la amenaza de sacar a la luz algún video? Con Vladimiro Montesinos preso, dejar circular un video es una amenaza creíble y el chantaje puede ser eficiente.

¿Cuántos operadores antiguos y nuevos –articulados a la red del 2000 en adelante- esperan un triunfo de Keiko para acceder más directamente a recursos públicos o a influencia política? Es cierto, podrá decirse que son conjeturas, pero si no lo eran a fines de los 2000, pues hay pruebas suficientes, ¿cuándo se dio, entonces, esa gran ruptura para creer hoy que el fujimorismo dejó de lado esas redes, que no se sustenta en ellas, que no está, incluso, definido, esculpido, por ellas?

Por supuesto, también está la propia lista al Congreso de Fuerza Popular para estas elecciones, con Cecilia Chacón, número uno, con un juicio por enriquecimiento ilícito, que ha esquivado por inmunidad parlamentaria; con Kenji Fujimori, en cuya empresa la policía encontró grandes cantidades de droga en un almacén. Y ni qué decir de los actuales congresistas fujimoristas. ¿Acaso debemos olvidar a Julio Gagó y las presuntas contrataciones irregulares de sus empresas con el Estado? Son muchos los ejemplos.

Mito 3: Fujimori no sabía lo que hacía Montensinos, el asesor presidencial usó su poder para lograr intereses personales.

Este mito se relaciona mucho con el anterior, pero requiere de un comentario adicional. Irónicamente, el fujimorismo supo aprovechar bien el flanco débil de uno de los principales argumentos en su contra: la corrupción. 

La crítica a la corrupción ha sido planteada como una crítica moral, como si se tratara de un gobierno en donde algunas personas cometieron delitos para beneficiarse de manera personal; fundamentalmente, para enriquecerse. El inmoral máximo sería Vladimiro Montesinos, a quien el fujimorismo incluso tacha de traidor por haber atentado contra la dignidad del gran presidente Fujimori.

Pero la corrupción en el Perú no es solo un problema moral, es fundamentalmente un problema político. No se trata de actos aislados, sino de una característica persistente de la dinámica política en el marco de una institucionalidad real que funciona más allá de las normas y de los reglamentos, y que se ha estudiado muy poco. La corrupción, en estas circunstancias, es una forma de obtener recursos para lograr un poder mayor, para lograr intereses específicos en torno al Estado y el dominio de lo público. Y fue esencialmente eso, un modus operandi político, en el caso del gobierno de Fujimori. 

Como el mismo Montesinos ha dicho en más de una ocasión, la corrupción sirvió para comprar aliados del gobierno, poner más recursos políticos a la mano. Sirvió para, a fin de cuentas, aumentar la fuerza y la estabilidad de la dictadura. Si el dueño de un canal era corrompido, lo era para que su línea editorial favorezca a los objetivos del Ejecutivo. Los congresistas comprados cumplían la misión de votar a favor de la postura oficialista. Y la misma lógica aplica para los operadores de las Fuerzas Armadas que fueron corrompidos, así como los del Poder Judicial, del Jurado Nacional de Elecciones, y así sucesivamente.

Mito 4: Alberto Fujimori es responsable de la derrota del terrorismo. Además, el fujimorismo sabe qué significa sacar adelante a la economía y manejar el Estado con solvencia técnica.

Este es un mito un poco más antiguo, pero su aceptación sigue siendo el principal capital político del fujimorismo. El nombre de Alberto Fujimori es visto como un sinónimo de valentía y eficiencia. Habría vencido al terror y a la hiperinflación. Pero, por más que Abimael Guzmán y la cúpula senderista fueron apresados durante su gobierno y que se estabilizó la economía luego del shock, es falso decir que la derrota de Sendero Luminoso fue obra de Fujimori, o que la estabilidad y el crecimiento económicos que han caracterizado a los años 2000 y a lo que va de esta década, lo hayan sido también.

Sobre el primer punto, la historia es conocida. Abimael Guzmán fue rastreado por el Grupo Especial de Inteligencia (GEIN), un grupo policial que fue formado en el gobierno anterior al suyo y que recibió muy poco apoyo de su parte (tampoco le dio el apoyo debido la gestión de García, por cierto). De hecho, cuando Guzmán fue capturado, Fujimori se encontraba pescando en Iquitos. Estaba de paseo. Tampoco sabía el jefe de la Policía, Ketin Vidal. Por supuesto, ambos se pusieron para la foto y se arrogaron la hazaña.

Del mismo modo, en el territorio, sin desmerecer la labor de las FF.AA. y la PNP, el factor determinante para la derrota de los seguidores de Guzmán fue la organización de la población rural en rondas campesinas y comités de autodefensa.

A diferencia de lo que muchos creen, por equivocación, el Grupo Colina, autor de crímenes como los de La Cantuta y Barrios Altos, por los que Fujimori hoy está preso, no tuvo nada que ver en la derrota de Sendero. No cabe el argumento del tipo “Fujimori está preso porque tuvo la decisión que otros no tuvieron para enfrentarse al terror”. No. Fujimori está preso por corrupto y por asesinar de forma cobarde a población desarmada.

Sobre el segundo punto, el económico, hay una gran discusión sobre si el shock era necesario o no para estabilizar la economía. Abordar el punto requiere de mayor espacio; sin embargo, aún concediendo que el shock fuera necesario, es necesario tener claro que Fujimori dejó el gobierno con una economía en recesión, con más de la mitad de la población en situación de pobreza, con un Estado corrompido y con poca capacidad técnica para sacar adelante políticas públicas de calidad y con un gasto social guiado por intereses clientelares, con ex ministros de economía que pronto fugaron del país (como Carlos Boloña o Hurtado Miller) y con una economía con derechos laborales recortados, con pésimos servicios públicos y bastante dependiente de los vaivenes de la demanda externa y los flujos de capitales. ¿Así deja el país un gobierno técnicamente solvente?

Mito 5: Keiko debe ser presidenta, así tendremos por fin una mujer en la presidencia y será un gran paso para las mujeres en el país.

Mucha gente realmente suscribe esta idea. Si bien es cierto que si llega al gobierno será la primera mujer en ser presidenta, ella y su partido están lejos de representar una fuerza política defensora de los derechos de la mujer. Tan solo dos hechos -relativizados, si no negados, por el fujimorismo- son suficientes para ilustrar lo que digo.

El primero es el maltrato público a Susana Higuchi, quien al comenzar a oponerse al gobierno de Fujimori no solo fue reemplazada por su propia hija, sino que también fue torturada físicamente, con la anuencia de Keiko o su cómoda ceguera.

El segundo hecho es el programa de esterilizaciones que impulsó el gobierno de Fujimori bajo el supuesto salvaje de que el problema de la pobreza es que los pobres nazcan. Como se sabe, ese programa fue en verdad uno de esterilizaciones forzadas, donde miles de mujeres campesinas fueron llevadas con engaños al centro de salud para luego ser dopadas y esterilizadas sin su consentimiento. Como si se tratara de animales. Son más de 200,000 las mujeres que exigen justicia hasta el día de hoy.



Quedan solo dos semanas para las elecciones generales. Mi impresión es que la competencia entre los candidatos de menor intención de voto para ubicarse en el segundo lugar y los avatares novelescos del Jurado Nacional de Elecciones, sin duda el principal protagonista de este proceso, han permitido que Keiko Fujimori avance silenciosamente y amenace con pasar con comodidad a la segunda vuelta con más de un tercio de los votos, logrando una amplia mayoría en el Congreso.

Afortunadamente, en las últimas semanas ha comenzado a conformarse un movimiento ciudadano en contra de su candidatura. Toca seguir apoyando en esa dirección y sumar esfuerzos para evitar que el Perú vuelva a ser dirigido por una fuerza política que le ha hecho, y le sigue haciendo, tanto daño al país.

Este 5 de abril hay una gran marcha a la que todos tenemos el deber de asistir. En esa fecha fue el golpe a la democracia. Ese mismo día, que la marcha sea un contundente golpe al fujimorismo.


Escrito por

omarcavero

Licenciado en Sociología y Magíster en Economía. Docente en la PUCP y la UNMSM. Militante de Emancipación.


Publicado en

Lo estamos pasando muy bien.

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